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2009-08 La evolución de la vida puede depender de la galaxia.

Fuente: Ciencia Kanija

La evolución de la vida puede depender de la galaxia

La vida inteligente más allá de la Tierra puede no ser una esperanza tan tenue como creen muchos científicos, de acuerdo con un nuevo estudio que desafía ampliamente al argumento sostenido anteriormente anti-ET.

Muchos escépticos acuden a una idea conocida como argumento antrópico que afirma que las inteligencias extraterrestres deben ser muy raras debido a que el tiempo que necesita la vida para evolucionar es, de media, mucho mayor que la parte de la existencia de la estrella adecuada para tal vida.

Pero ahora el astrobiólogo Milan M. Cirkovic y sus colegas han encontrado un fallo en tal razonamiento.

El argumento antrópico, propuesto por el astrofísico Brandon Carter en 1983, siguiendo el trabajo pionero sobre los principios antrópicos de la década de 1970, se basa en la suposición de dos escalas temporales –el ciclo de vida de la estrella y el tiempo requerido para la evolución de criaturas vivas e inteligentes – son completamente independientes. De ser cierto, argumenta Carter, es extremadamente improbable que estas dos ventanas de posibilidad durasen aproximadamente la misma cantidad de tiempo, y tuviesen lugar a la vez.

Pero este modo de pensamiento está desfasado, afirma Cirkovic. De hecho, dice que las escalas temporales relevantes no son independientes; están profundamente entrelazadas. “Existen muchas formas distintas en las que los planetas de nuestro Sistema Solar no están aislados”, dijo Cirkovic. “No debemos considerar a los planetas habitables como cajas cerradas. Si abandonas la suposición de independencia, entonces tienes todo un nuevo trasfondo en el cual pueden configurar varios modelos de desarrollo astrobiológico”.

Cirkovic señala a los estallidos de rayos gamma, las supernovas cercanas, y las perturbaciones de nubes de cometas como posibles eventos en el entorno astrofísico de la estrella que puede influir en el entorno biológico de un planeta. Por ejemplo, cuando una estrella viaja a través de una de los densos brazos espirales de la Vía Láctea, tanto su propio desarrollo como el de sus planetas puede verse interrumpido por mayores niveles de radiación electromagnética interestelar y rayos cósmicos, debido a la mayor frecuencia de regiones de formación estelar y explosiones de supernova.

Todas estas condiciones conspiran para descartar la independencia sugerida por Carter y conecta la vida de una estrella y la evolución de la vida de un planeta, defiende Cirkovic.

Tierra afortunada

En el caso de la Tierra, las dos escalas temporales se han alineado fortuitamente para permitir la vida. Nuestro Sol tiene aproximadamente 4600 millones de años de antigüedad, y la Tierra es apenas ligeramente más joven, con 4500 millones de años. Las primeras células más básicas se piensa que se formaron en nuestro planeta hace unos 3800 millones de años, aunque el género homo, al cual pertenecen los humanos, no apareció hasta hace unos 2500 millones de años. Y los humanos modernos tienen sólo 200 000 años de antigüedad.

Durante más del 80% de la existencia del Sol, la vida ha existido en la Tierra de alguna forma. Parece que las escalas temporales de la biología y la astrofísica se han alineado favorablemente en nuestro caso. De acuerdo con el argumento antrópico, esta coincidencia indica que la Tierra, y su vida, son únicas. Pero Cirkovic cree que las dos escalas temporales pueden no haberse solapado por casualidad. En lugar de esto, pueden ser parte de una compleja historia, implicando una interdependencia en el sistema de la Tierra con el resto de la Vía Láctea.

Catástrofes sincronizadas

Los eventos cósmicos como los estallidos de rayos gamma o las supernovas cercanas podrían poner a cero el reloj biológico para dar al planeta y la estrella una segunda oportunidad de sincronizarse e intentar producir la vida de nuevo. Los estallidos de rayos gamma son misteriosas explosiones que liberan descomunales cantidades de energía, teniendo lugar en los moribundos estallidos de estrellas súper-masivas (como Eta Carinae) o en colisiones de estrellas de neutrones en sistemas binarios cerrados. Si un estallido de rayos gamma tiene lugar en una gran región cerca de un sistema planetario, podría provocar un destello de radiación y posiblemente que los chorros de rayos cósmicos perturben la vida de los planetas. Las explosiones de supernova, aunque no tan energéticas como los estallidos de rayos gamma (pero mucho más frecuentes en general), empaquetan un fuerte golpe también, y podrían enviar una onda de choque de energía a los planetas cercanos.

“Un estallido de rayos gamma no afectaría a que se iniciara la vida en algún punto particular del tiempo, pero afectaría a cómo de rápido se desarrolla o se mantiene mediante cambios en la química atmosférica del planeta”, dijo Cirkovic. “Esto puede interpretarse como una puesta a cero de los relojes astrobiológicos los cuales avanzan en cada planeta habitable de la Vía Láctea”.

Esto lleva a la idea de una nueva forma de pensar sobre el origen de la vida. En lugar de una larga evolución gradual, un evento catastrófico podría espolear el desarrollo de una biosfera compleja y seres inteligentes, de la misma forma que la teoría evolutiva de equilibrio puntuado predice que las especies pasarán por largos periodos de lenta evolución puntuada gracias a breves encuentros con cambios drásticos.

Por ejemplo, los paleontólogos dicen que los seres humanos evolucionaron a nuestro estado actual sólo gracias a que un impacto de asteroide hace 65 millones de años aniquiló a los principales depredadores del planeta – los dinosaurios. La Tierra ha sufrido a lo largo de su historia muchas extinciones masivas que tuvieron distintas causas. Aunque las extinciones aniquilaron la vida, también pulsaron el botón de “reset” que altera el entorno y permite que surja otros tipos de vida. En general, esto es parte de un complejo conjunto de historias astrobiológicas que Cirkovic y sus colegas apodan el “paisaje astrobiológico” de nuestra Galaxia.

“La velocidad de la evolución es muy variable”, dijo Cirkovic. “No existen ninguna razón para pensar que la vida en la Tierra tenga un único origen. Es bastante posible que hubiera distintos inicios de la vida en la Tierra”.

Cirkovic también señala que la evolución de la vida inteligente podría tener lugar de forma más lenta o más rápida en distintas configuraciones, y no es necesario seguir la historia astrobiológica de la Vía Láctea.

“Las correlaciones a gran escala podrían causar que más objetivos del tipo SETI de los esperados sean contemporáneos con nosotros sólo sobre la base de una distribución de edad planetaria”, dijo Cirkovic.

Cirkovic y su equipo esbozan sus argumentos en el ejemplar de junio de 2009 de la revista Astrobiology.



Autor: Clara Moskowitz
Fecha Original: 13 de agosto de 2009
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