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* SISTEMA SOLAR - URANO

Fuente: Cuaderno de bitácora estelar

URANO

El séptimo planeta del Sistema Solar. Tarda más de 80 años terrestres en dar una vuelta completa alrededor del Sol con su eje de rotación tan inclinado que «rueda» sobre su órbita. Junto con Neptuno, forma el grupo de los planetas llamados gigantes helados, compuestos no solo por hidrógeno y helio sino también por una apreciable cantidad de hielo y rocas. De los planetas desconocidos por las civilizaciones antiguas, Urano fue el primero en descubrirse a finales del siglo XVIII, por W. Herschel. Tanto la posición del planeta en su órbita como su campo magnético son anómalos, lo que ha llevado a especulaciones sobre posibles colisiones con otros cuerpos en el pasado. Al igual que Júpiter y Saturno, posee bastantes satélites (casi 30 conocidos hasta ahora) y anillos. Solo la sonda Voyager 2 a mediados de los años 80 se ha acercado a este planeta. Las observaciones más recientes con el telescopio espacial Hubble han revelado una atmósfera rica en metano.


Imagen en falso color de Urano, sus anillos y lunas tomada por el telescopio espacial Hubble. En esta imagen se pueden apreciar también las grandes tormentas convectivas que tienen lugar en la atmósfera del planeta. Créditos: E. Karkoschka y colaboradores (Universidad de Arizona), NICMOS, HST, NASA.

Fuente: En el cielo las estrellas

El cumpleaños de Urano

El 13 de marzo de 1781 un astrónomo aficionado puso patas para arriba el universo tal como se lo conocía. William Herschel, compositor y director de orquesta de origen alemán y emigrado a Inglaterra, autodidacta de la astronomía, anunció al mundo la existencia de un nuevo planeta en nuestro sistema solar. Hoy lo conocemos como el planeta Urano, y hay un par de cosas curiosas para decir sobre su nombre.


Desde tiempo inmemorial el universo, tanto para el hombre de la calle como para los astrónomos, consistía en el Sol, la Luna, los planetas, las estrellas “fijas”, los misteriosos y ocasionales cometas y las rarísimas novas. Y los planetas eran cinco: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Y nada más, desde siempre. Pero el 13 de marzo de 1781, ciento setenta y un años después de que Galileo observara por primera vez las lunas de Júpiter, Herschel descubrió nada menos que un nuevo planeta, un astro enorme en su propia órbita alrededor del Sol, con satélites propios girando a su alrededor.


Herschel al principio creyó que era un cometa, pero cuando el cálculo de su órbita demostró concluyentemente que se trataba de un nuevo planeta, lo llamó Estrella de Jorge, para halagar a Jorge III, rey de Inglaterra. Sí señores, se trata del mismo rey que regaló a Manuel Belgrano su reloj de oro, recientemente robado del Museo Histórico Nacional en Buenos Aires, y con el cual Belgrano pagó los honorarios de su médico, en su lecho de muerte, al deberle el Estado argentino más de un año de salarios. En fin. Sigamos.


El rey, por supuesto, quedó muy contento con su planeta nuevo y se encargó de proveer una renta para que Herschel pudiera dedicarse full time a la astronomía. Pero el nombre, como puede imaginarse, no prosperó. En Francia, donde estaba prohibido por ley pronunciar el nombre del Rey de Inglaterra, se lo llamó Planeta de Herschel hasta que se impuso el nombre de Urano, siguiendo la tradición antigua de designar a los planetas con nombres de divinidades importantes de la mitología greco-romana. Urano simbolizaba al Cielo mismo, y junto a su esposa Gea (Gaia, la Tierra) habían engendrado a los Titanes. Su hijo Saturno (Kronos en griego) finalmente lo derrocó, iniciando el reinado de los Titanes, siendo a su vez destronado por su propio hijo Júpiter (Zeus) y el resto de los dioses Olímpicos. Como se ve, hay cierta mezcla generacional en los nombres de los planetas. Pero esto no es nada comparado con los nombres de los asteroides, de los cuales me ocuparé otro día.


William Herschel descubrió también dos satélites de Urano. Su hijo John (también famoso astrónomo y científico, pionero de la fotografía —y hasta inventor de la palabra fotografía—) les puso nombres años después. Rompiendo con la tradición mitológica eligió nombres de hadas del Sueño de Una Noche de Verano de Shakespeare: Titania y Oberón. Otros tres satélites de Urano también fueron bautizados con nombres de personajes fantásticos de Shakespeare y de Alexander Pope: Ariel, Umbriel y Miranda. Miranda, Ariel, Umbriel, Titania y Oberón. A mí me parece que suena muy pero muy bien.


Actualmente la Unión Astronómica Internacional ha oficializado la práctica de usar nombres de personajes de Shakespeare para los compañeros de Urano. Romeo y a Julieta están allí, por supuesto. Curiosamente, se ha calculado que Julieta podría chocar con Desdémona en los próximos 100 millones de años. Curioso ¿no? Dos personajes tan distintos, ambos con trágico destino tanto en el drama isabelino como en el cielo de Urano.

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